viernes, 31 de julio de 2015

Honda, en la crónica "El benjamÍn" de Sandra Botero


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"Una de esas instituciones fue el Camilo Torres, donde conoció compañeros de diferentes estratos. Y amigas, pues antes sólo había estudiado en colegios masculinos.
–Siempre he sido entrador, hago amigos donde voy. En el Camilo me fue muy bien con las viejas. Antes sólo había tenido experiencia con una prostituta que me pagó mi papá, en Honda, Tolima. Un día me dijo que nos íbamos los dos solos a un paseo. Se me hizo muy raro, y resultó ser para eso. Pero ya luego yo hice mis propias amigas, muchas, y eso que vivía con la cara raspada porque me caía por las trabas; pero aun así tenía éxito. Y en ambientes de trago y drogas, ellas lo daban fácil."
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Tomado de:
http://www.elmalpensante.com/articulo/229/el_benjamin

lunes, 25 de mayo de 2015

Honda, cuna de la literatura tolimense por Armando Moreno Sandoval

Armando Moreno Sandoval
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Si en algo se ha caracterizado el Norte del Tolima es por la palabra escrita. Pensar que tal o cual municipio es la cuna de la intelectualidad es, sin lugar a dudas, cosa de tontos. Todos los municipios a su manera, y de acuerdo a su tiempo social e histórico, han aportado su grano de arena. Recordar, por ejemplo, al poeta Diego Fallón, oriundo de Falán, es algo que nos llena de orgullo. Los críticos literarios coinciden en señalarlo como uno de los grandes poetas que dado la nación colombiana. 

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Ni que decir de los escritores, historiadores y poetas que dado el municipio cafetero de El Líbano. El escritor Carlos Orlando Pardo, entre chiste y verdad, decía que el municipio que tenía más escritores por metro cuadro era El Líbano. Para tener una idea de lo que ha dado esa tierra en materia de hombres de letras, basta recordar al intelectual, historiador y escritor Eduardo Santa y darnos así una idea de su grandeza.
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No obstante, si nos preguntáramos por el inicio de la literatura tolimense no cabe duda que más de un individuo pensaría que podría estar en el mismo Líbano. Desafortunadamente no es así. El Líbano es un municipio demasiado joven. El Tolima tiene otros centros urbanos cuya ocupación española datan casi desde hace medio milenio de años como son Honda y Mariquita.
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Esa temporalidad y ese estatus de pueblos mayores que da el peso del tiempo fue lo que permitió que Honda en el siglo XIX fuese un hervidero de ideas. Sorprende, y duele decirlo, que en el siglo XIX en el puerto de Honda circularan y se publicaran más periódicos que hoy en día. Una mirada desprevenida en la sala Anselmo Pineda de la Biblioteca Nacional nos lleva a corroborar que en Honda en el año de 1857 se imprimía y editaba “El Vapor”; que entre 1878-1879 existía el quincenal “La Voz del Tolima”; en 1879 “El Día” y que en 1899 se leían “El Gualí”, “El Salto” y “La Voz del Pueblo”. Tradición que por supuesto no se perdería con la llegada del siglo XX, pues para ese siglo, a comienzos de el, encontramos “El Motor”, un periódico que tenía la particularidad de difundir las huelgas que se llevaban en el Ferrocarril de La Dorada y en los buques a vapor que surcaban el río Magdalena. Pero, lo que más sorprende es que ese periódico lo hacían circular por todos los rincones del norte del Tolima bien sea a través del ferrocarril o el cable aéreo, o, a lomo de mula para los rincones más apartados.
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Esta tradición periodística e intelectual fue lo que permitió que en Honda, por cosas del destino, se diera luz a la primera novela que tenga noticia la narrativa tolimense. El profesor, escritor e intelectual Libardo Vargas —experto en historiografía literaria—señala que no bastó que allí se engendrara la novela sino que fuese también un hondano quien la escribiera. Se trata de José Antonio de Plaza, un personaje que además de haber sido escritor pudo intercalar este oficio con la de historiador y político. Pues, en 1829 ejerciendo el cargo de gobernador de Honda lo encontramos dando la orden para levantar de nuevo el puente sobre el río Gualí que había sido derribado por el terremoto de 1805.
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Para honrar su memoria sólo nos queda recordar que su novela “El oídor, romance del siglo XVI”, editada en 1850 y siete años antes de su muerte, es, hasta que no se demuestre lo contrario, la primera novela tolimense. Si bien, lo que hace Antonio de Plaza es recrear un triángulo amoroso entre el marido, la mujer y el enamorado, el merito está en que este escritor había hallado en la novela “El Carnero” de Rodríguez Freyle el filón que le sirvió para sacar el tema de su novela y que muchos años después los escritores colombianos tendrían en cuenta para desarrollar su narrativa. O, para decirlo sin tanto rodeos, que con el hondano José Antonio de Plaza se inicia la moderna narrativa colombiana.
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Tomado de:
http://letrasenelojo.blogspot.com/2008/05/honda-cuna-de-la-literatura-tolimense.html

Honda, en una obra de Fernando Vallejo

 Caratula del libro
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El escritor colombiano Fernando Vallejo, es considerado como uno de los grandes en América, por su estilo, para algunos posee un estereotipo que rayan lo vulgar, para otros un gran panfletario al estilo de José María Vargas Vila, pero a otros les parece divertido y muy juicioso en su prosa. Pero lo que nos trae a colación de la obra de Fernando Vallejo es la mención que él hace en su libro “El Cuervo Blanco”, Alfaguara. Bogotá. 2012, una impresionante narración sobre Rufino José Cuervo, un gramático quien siendo autodidacta, según Vallejo, un genio de la perfección del castellano. Transcribimos apartes en lo que refiere a esta ciudad.
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Fernando Vallejo
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“Salieron pues los dos hermanos de Bogotá a la una de la tarde después de un fuerte aguacero, y luego, a caballo, fueron rezando el rosario de las estaciones; Facatativá, Funza, Villeta; Guaduas, Pescaderías y Caracolí donde tomaron un vaporcito que los llevó por el río Magdalena hasta Barranquilla donde se embarcaron para Europa en un trasatlántico, el Amérique”. Pág. 94
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“No irían Uds, por Honda cuando ya el público decía que la cerveza había desmejorado”. Pág. 109
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“Partían las nobles cartas de El Havre, Saint Nazaire o Burdeos en trasatlánticos, desembarcaban en Sabanilla, Colombia, donde tomaban un vapor que las llevaba por el Magdalena hasta Honda, donde tomaban mula para subir a la altiplanicie y listo, aquí nos tienen en Bogotá la Atenas suramericana. Mes y medio. ¡Cómo no iban a guardar las cartas con semejante viaje!. Pág. 136
VALLEJO Fernando. El Cuervo Blanco. Alfaguara. Bogotá. 2012.
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jueves, 7 de mayo de 2015

Honda, en una obra de Tomás González

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 La obra del escritor colombiano Tomás González está dando mucho que leer, hasta el hecho que se ha convertido en un fenómeno literario de obligatoria lectura para principiantes y conocedores, no solo de Colombia sino en el mundo. Pero lo que nos trae a colación de la obra de Tomás es la mención que él hace en el libro “Para antes del olvido”, obra ganadora del 5 premio nacional de novela Plaza & Janes en el año de 1987, de la ciudad de Honda, y siendo respetuoso de su obra, transcribimos apartes en lo que refiere a esta ciudad.
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Envigado 1977. “Josefina, acostada en su cama, recuerda con vivacidad la remota imagen de tres sauces altos mecidos casi por la luz del sol (porque no había) balanceándose por siempre en aquella lejana tarde, cuando él la beso bajo su sombra. De Honda le llegaría después un poema en que se hablaba de un pomar y se mencionaban unas rosas que no hubo”. Pág. 13
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Río Magdalena, buque “Eloísa” 1913. “No había ser humano capaz de pasar cerca a Alfonso y no enredarse en una conversación pequeña o grande. Después de beber el brandy que le ofrecía el muchacho, el hombre silencioso y lejano de por sí, terminó contando que venía de Honda, donde había trabajado tocando valses vieneses, e iba para Medellín, donde esperaba encontrar trabajo en lo que fuera”. Pág. 18
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“El vapor subía despacio por el río. Se oían los pájaros haciendo bulla en la selva, se veían pasar bandadas de garzas blancas en medio de un inmenso atardecer. Estaban sentados en la cubierta mirando hacia el agua. Virginia Fábregas era grande y hermosa; tenía manos grandes, ojos grandes, dientes muy blancos  y unos senos grandes y seguramente muy blancos. Era directora de la farándula  española que se encontraba en Honda representando comedias picantes, y venía de Puerto Berrio donde había intentado un contrato para su grupo”. Pág. 19
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Río Magdalena, buque “Eloísa”, 1913. “Una vez sentados en el cómodo vagón de primera se sintieron momentáneamente felices. Sin embargo, a pesar del ajetreo, falsos arranques, marchas y contramarchas, el tren no decidía a partir. El perfume caliente que la señora Fábregas removía de su pecho con el abanico aletargó a Alfonso, que cayó dormido en el ancho regazo de la actriz. Más tarde un pasajero abrió un huevo duro y su aroma, hediondo y tropical, se mezcló con el de la española y le inundó el sueño con hálitos de pantano, flores corruptas e imágenes de iguanas y caimanes. Despertaría horas después despeinado, sin sombrero y con la cara arrugada y llena de sudor. El tren estaba en Honda.

Alfonso y la señora Fábregas se alojaron en el Hotel América, donde se hospedaba el resto de la farándula. Los actores vieron entrar a Virginia con un jovencito alto, de frente amplia, muy seguro de sí mismo. Las actrices menores cuchichearon. Virginia Fábregas lo presentó como periodista montañés y las actrices, con cierto revuelo pues conocían a su directora, comentaron sin rodeos la impresión que les daba el muchacho. Se oyeron expresiones con acento de ultramar; “¡Pero que guapo está!” “¡Vaya, que Virginia se las trae!”, pero Alfonso no tambaleó ante el cerrado examen. Con movimientos de hombre de mundo hizo su reservación, se despidió de la Compañía y subió con la maleta a la habitación. Llevaba en el bolsillo un boleto de cortesía para la función de la noche”. Pág. 33
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“La representación se llevó a cabo en un teatro caliente que olía a polvo y madera. Cuando aparecieron las primeras actrices, el pueblo, que estaba agolpado atrás, en el gallinero, se puso obsceno y gritón e hizo reventar una pequeña pelea a botellazos que la policía debió aplacar con alguna violencia. Alguien soltó un chiste en voz alta y el teatro entero se rio. Todo finalmente se calmó y comenzó la obra”. Pág. 34 
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.GONZALEZ Tomás. Para antes del olvido. Plaza & Janes. Bogotá. 1987
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 Tomás González es uno de los narradores colombianos más prestigiosos. Foto: León Darío Peláez / Semanahttp://www.semana.com/cultura/articulo/parricidio-frente-al-mar/358288-3

domingo, 12 de abril de 2015

Alejandro Agudelo y sus escritos

Natural de Honda. Publicó lo siguiente:
Programa para la enseñanza de la Medicina legal en las universidades de la República, formado por el doctor A. Agudelo, y aprobado por la Dirección general de Instrucción pública. Bogotá. Imprenta de Nicolás Gómez. 1845. 164 páginas.
Ortografía razonada de la lengua hispano-americana, ordenada en diálogo, por A. Agudelo. Bogotá. Imprenta de El Neo-Granadino. 1857. 79 páginas.
Manual de comerciante. Traducción del francés, por A. Agudelo. Bogotá. Imprenta de El Neo-Granadino. 1857. Vol. de 103 páginas y una lámina.
Lecciones de música, precedidas de una introducción histórica, seguidas cada una de su respectivo programa y acompañadas de láminas litografiadas. Obra puesta al alcance de los aficionados de ambos sexos, y adecuada, por su método, para el estudio y enseñanza de este hermoso ramo de las bellas artes, por A. Agudelo. Bogotá. Imprenta de Pizano y Pérez. 1858. 104 páginas y 10 láminas.

Filosofía fisiológica del cerebro. Estudio experimental del hombre, demostrando que sus diversas actividades son efecto de su organización. Bogotá. Imprenta de Gaitán. 1872. Vol. de 274 páginas ( A. Agudelo).
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.Tomado de:
http://www.banrepcultural.org/node/64114


sábado, 11 de abril de 2015

Confesiones de un Medico Mediocre un libro de Rafael Motta Salas

En  el año de 1960 el Medico Huilense Rafael Motta Salas  termina de escribir su libro "Confesiones de un  Medico Mediocre", novela corta, con cinco pequeños capítulos, un libro digerible en una o dos horas de acuerdo al gusto  del lector.
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El Medico Rafael  fue un excelente galeno en la ciudad de Honda, durante su tiempo de pertenencia, hasta el hecho de liderar procesos como el traslado del sSan Juan de Dios, ubicado en la antigua Iglesia Sagrado Corazón de Jesús (En la actualidad ruinas  del Centro Cultural Alfonso Palacio Rudas),  a las nuevas y modernas instalaciones  donde se encuentra hoy el Hospital San Juan de Dios, en una parte alta, segura, y confiable como lo es el Barrio La Aurora.
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De ahí que encontrar esta joya literaria de un Medico, quien escribía, es sorprendente.  El léxico usado en el libro es técnico  y normal, lo que hace que su lectura sea entendida por todos.
Narra la historia de un amigo Medico suyo, de nombre Danilo, quien se enamora en tres ocasiones, la trama es interesante,  y hace que el lector se devore rápidamente las 74 paginas de la obra.
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Llama la atención  que el libro fue escrito en Honda, y hay un capitulo que hace referencia a la instancia de Danilo, el protagonista de la novela en la ciudad  de Honda, capitulo que el lector encontrara  en esta reseña.
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Resta solo invitarlos a leerla y divertirse.
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Capitulo Referente  a Honda Tolima
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Es  admirable la prosa de Rafael Motta Salas.
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MOTTA salas Rafael. Confesiones de un medico mediocre. Antares Ltda. Bogotá.1962.
 74 páginas
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Para solicitarlo en la Biblioteca del banco de la República.
616.032
M67c
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Residencia  donde  vivio  en Honda  el medico Rafael Motta Salas. Calle  9  No 13 A 44  . Calle de Golupal  Barrio Alto del Rosario.
 (Fotografía. Tiberio Murcia Godoy. Viernes 10 de abril de 2015)

miércoles, 31 de diciembre de 2014

Del Amor y otros lutos, un libro de Leopoldo Pinzón M

El libro "Del amor y otros lutos" del cineasta Leopoldo Pinzón Moncaleano, se publico en el presente año (2014), pero su publicación no la hizo cualquier editorial, la hizo nada mas y menos que el INSTITUTO CARO Y CUERVO, en la serie "Granada Entreabierta".
La presentación la realizo Enrique Santos Molano, investigador e historiador, una hermosa semblanza de su hija Andrea Pinzón Escobar  y el escritor José Luis Díaz-Granados.
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José Luis Díaz-Granados escribe; “Leopoldo Pinzón es un hombre que respira poesía por todos los poros, por las insondables avenidas de su alma transparente y, además, por los cuatro costados de su cuerpo visible. Por eso no es extraño que después de tantos años de fraterna amistad, donde siempre se le ha conocido su faceta como brillante director de cine, realizador, docente y periodista cultural, nos sorprenda ahora a todos como poeta de exquisita verbalidad e insospechadas matices reveladores”

“En esta colección de sus poemas, la primera que se publica en su ya larga peripecia vital, Leopoldo Pinzón nos sorprende con una poesía poderosa, diáfana y gallarda, fruto de una rica experiencia vivida y de la exploración secreta y tesonera del verbo, el ritmo y la palabra”

“En la actualidad está dedicado a escribir y a soñar con volver a pararse detrás de las cámaras, en la serena placidez de su casa de Honda (Tolima), a orillas del Río Grande de la Magdalena”

Enrique Santos Molano en la presentación del libro escribe, “Del amor y otros lutos es lo que su titulo dice; un canto funeral, dulce, nostálgico, irónico y sarcástico por el amor inolvidable que se fue y que continúa viviendo en nuestro recuerdo sensorial. El poeta desde la distancia, evoca sus amores y les guarda el luto que corresponde”

“Podría extenderme hasta el infinito para hablar de los poemas de Leopoldo Pinzón, cuya lectura me ha proporcionado un placer tan vivo como el que me produjo Pisingaña el día de su estreno, hace ya más de un cuarto de siglo” “Del amor y otros lutos será, como Pisingaña, un objeto de culto entre los lectores que alimentan y conservan la sensibilidad de su espíritu”.
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El Maestro Leopoldo Pinzón en compañia de Paula Andrea Tamayo y Tiberio Murcia Godoy
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ADIOS A HONDA
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Allí donde el río suena como un tropel de corazones de toros,
azotando las rocas y llorando;
desde el oscuro verde se tiñe de magnolias palpitantes,
en las riberas dotadas de pájaros luctuosos;
donde el aire custodia el volumen y el aroma
de una cadera adolescente;
en el lugar donde el olvido agita
la sombra del vencedor más derrotado,
quien partió río abajo, vida abajo,
yendo a dar al morir, cerca del mar;
en las vetustas piedras que preservan la huella
de esclavos y de amos, de próceres y sátrapas,
de ávidos comerciantes y vírgenes ardientes;
en los rincones donde el amor y el crimen
encontraron su guarida nocturna;
en la frondosa rama donde la vieja iguana
toma el sol, sobre basura y Gualí;
en los bares ruidosos, en las calles tranquilas,
en el caliente ámbito de la paz más complaciente
que propició el amor y apacentó el dolor,
mi compañero más intimo;
donde el ilustre nombre bautice
nidos y madrigueras, seres y cosas,
sueños y pesadillas,
lozanías y decrepitudes,
en cada ala de mariposa,
en la huyente fetidez de cada zarigüeya,
madre amantísima con su familia a cuestas,
en esto y en aquello;
y, desde luego, en la corteza del caracolí centenario,
catedral vegetal, montaña viva, dios en reposo,
precisamente en ella, en la rugosa piel,
inscribiré con la filuda navaja del querer
un corazón en duelo, o una forma de lágrima,
o arrancaré una hoja que flotara en el aire
como el pañuelo de la más amorosa despedida.


Leopoldo Pinzón Moncaleano
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Del amor y otros lutos. Leopoldo Pinzón. Publicaciones del Instituto Caro y Cuervo. Serie, “La granada entreabierta”, 96. Instituto Caro y Cuervo. Bogotá. 2014.

Página 84 y 85
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