domingo, 26 de julio de 2020

Alfonso Solano de Francisco "Poema"

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Un poco antes de las seis cuando el sol asoma entre las Tecas se inicia el concierto diario de las loras, la segunda voz es la gutural de algunas guacharacas y los agudos,imagino, de los canarios que a diario vienen a comer alpiste en la mediaguadua que improvisamos para poderlos ver de cerca, tal vez una hora y media más tarde La algarabía matutina disminuye y pareciera que los cantos visitaran a los vecinos mas lejanos, se oye el continuo ulular de un ave que nunca he visto, ladra un perro fino y el gozque le contesta desafiante, el gallo invita a sus gallinas a acercarse, al maíz que les pusimos al suponer un dueño ausente siempre. se alcanza a oír entre olores de tamal con chocolate: levántese mijo esta servido y se nos infria, La impertinencia de la carretera interrumpe el silencio, pero el viento nos devuelve a la calma, el rumor del Guali no para nunca y se siente su afán de cumplir la cita de esquina con el Magdalena, y sus aguas juntas por siempre continúan prodigando frescura a lo largo del más bello país, hasta llegar a rumores de olas y sabores de sal marina. ASDF 26/7/20
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sábado, 4 de julio de 2020

Del Arenas al Vesubio Por Flor Angela Devia Castillo

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El 13 de noviembre del años de 1985 viajaba temprano en un bus cuando escuché la noticia de la explosión de volcán Nevado del Ruiz , el que queda a 20 kilómetros de mi pueblo natal Honda oí decir : “Honda , Mariquita y Armero, han desaparecido seguía la noticia; . : “ Esta madrugada el cráter Arenas del volcán Nevado del Ruiz despertó de su letargo. La lava del volcán provoco un aumento desmesurado del caudal de los ríos . la mezcla de lodo, piedras y lava resultante que bajo de las cumbres anego varios pueblos e hizo desaparecer la ciudad de Armero, Mariquita y Honda”. En ese momento sentí un temblor que me removió las entrañas. La imagen de mi madre Carmelita, Fanor , mi padre y Liliana mi hermana atravesaron mi mente, como un rayo y llore angustiada por su suerte . Un poco mas tarde supe que la noticia era falsa, que el volcán Nevado del Ruiz , había explotado, que arrasó Armero con sus hermosas calle con sus arboles de mamoncillo, con sus jacarandas en flor, y con sus 30 mil habitantes. Pero nuestra casa y nuestros padre y mi hermana estaban bien, el río gualí había podido encauzar en su lecho la bocanada de 70 metros de altura de lodo, lava, barro, vacas, casa y hasta los malos pensamientos de la zona de tolerancia de armero, que estaba bajaba a la velocidad del rayo gracias a las leyes de física y a la divina providencia, a encontrar el rio Magdalena y después tranquilizarse finalmente en el apacible mar caribe.
Todo esto sentí al escuchar el rugido del Vesubio a la entrada de la exposición de Pompeya en el Grand Palais. Luego de una manera reposada, hermosa innovadora pude pasear por sus calle, ver jugar a sus niños, entrar a sus hermosas casas, disfrutar los colores de los murales, sentir el fresco de sus fuentes, dejarme sorprender junto con los arqueólogos por las excavaciones, con sus allazgos y confirmar de una manera tranquilizadora que no me esperaba ningún cuerpo calcinado atrapado en sueños. Agradecí profundamente esto, la manera tranquila y casi discreta de la tecnología, porque no hay desconcierto, se presenta de una manera tan natural que uno entra y estar en sus calles sin sorprenderse. Vi cómo los transeúntes con tapabocas que parecíamos unos personajes de ópera, nos mezclamos y muchas veces confundimos con la sombras que venían a visitarnos desde el lejano I siglo a contarnos cuan hermosa era y darnos una mirada amable de unas vidas que desaparecieron en un instante al unísono junto con el rugido del volcán.
Agradezco esta exposición, agradezco esas preciosas piezas que nos enseñaban el refinamiento de un grupo de hombres y mujeres que vivían apaciblemente con la muerte zumbándoles los oídos… la misma que nos hace en estos momentos ocultar esa sonrisa de placer que sentimos al ver la pureza de una pequeña liebre que descansa eternamente junto a su plato de uvas.
Gracias ….
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4 de julio de 2020. Tomado del Facebook de 

Flor Angela Devia