domingo, 19 de diciembre de 2021

La realidad supera la ficción: un símil entre cien años de soledad y la cruda verdad de Colombia por Tiberio Murcia Godoy

Crédito: Suministrada / El Nuevo Día.

En Colombia, la realidad supera la ficción, cuando se escucha narraciones de muertes, masacres, asesinatos de personas; descuartizadas, decapitadas empalizadas, en fin, nada digno de creer, pero en los anales de la memoria y los archivos de municipios, pueblos y veredas reposan las experiencias que vivieron (viven) esa dantesca tragedia.

Las  dos vivencias que traemos a colación, son, una de un historiador y otra de un novelista, hechos ocurridos en un espacio de tiempo considerado, la del historiador a inicios del siglo XIX , y la del novelista a inicios del siglo XX.

Advirtiendo eso sí, que la escrita por el novelista Gabriel García Márquez, supero las fronteras de la provincia, porque su novela le abrió los caminos para consagrarse a nivel mundial y obtener muchos años después el apreciado premio Nobel de literatura, mientras la del historiador José María Cordovez Muore, “Reminiscencias de Santafé y Bogotá”, tiene sus lectores en la provincia y en el país, y que historiadores, cronistas e investigadores consultan paulatinamente.

El hecho a tratar es el símil entre el personaje de la novela y el personaje de la historia, ambos hechos acontecidos en el país, uno en Honda, puerto de relevancia desde el virreinato, y el otro en Macondo, pueblo imaginario donde sucedió algo parecido.

José Arcadio Buendía

García Márquez, narra en Cien años de soledad, que, José Arcadio Buendía, “Entonces agarró la tranca de una puerta y con la violencia salvaje de su fuerza descomunal destrozó hasta convertirlos en polvo los aparatos de alquimia, el gabinete de daguerrotipo, el taller de orfebrería, gritando como un endemoniado. Se disponía a terminar con el resto de la casa cuando Aureliano pidió ayuda a los vecinos. Se necesitaron diez hombres para tumbarlo, catorce para amarrarlo, veinte para arrastrarlo hasta el castaño del patio, donde lo dejaron atado. Cuando llegaron Úrsula y Amaranta todavía estaba atado de pies y manos al tronco del castaño”. (1).

Antonio Roncoy

José María Cordovez Muore, escribe en “Reminiscencias de Santafé y Bogotá”, sobre Antonio Roncoy, considerado como el “verdugo de Santafé”, un hombre temido desde cuando asesino, “a los padres Capuchinos”, de, “muerte violenta a dichos religiosos por el delito de ser fieles a su rey”. 

Aunque los realistas le conmutaron la pena de muerte por este hecho, lo nombraron verdugo, pero esta vez de los patriotas criollos o chapetones. Algo que no le gusto, y cuando le correspondió ahorcar a un reo, lo hizo a media y prefirió huir a su tierra natal, Honda. 

En Honda, no le fue nada halagüeño, “porque era temido, y las autoridades de la provincia iniciaron su persecución, pero en 1819, cambio un poco su vida ya que enrolo al ejército patriota, regreso como prócer de la independencia a Honda, luego de varios combates a cuestas. En Honda consiguió una plaza en el resguardo de aguardiente, pero prefirió la ilegalidad y se volvió contrabandista, y esto creo desconfianza de las autoridades contra él”.

“Achacado y agobiado por prematura vejez, cayo Roncoy en poder del jefe político de Honda, quien, en atención a que el preso era hombre peligroso e inquieto, lo hizo asegurar con una argolla en cada pie contra un hobo que había en el patio de la cárcel: allí sobre un lecho de estiércol y comido de gusanos, murió el ultimo verdugo de Santafé”. (2)

Un hobo y un castaño

Como se lee, a José Arcadio Buendía y Antonio Roncoy los amarraron a un árbol, uno a un castaño y el otro a un hobo. Curiosamente ambos venia huyendo por situaciones que tenía que ver la muerte. Roncoy por no querer asesinar patriotas criollos, aunque había asesinado uno, y José Arcadio, “huyéndole al fantasma de Prudencia Aguilar, a quien asesino clavándole una lanza en el cuello por haberse burlado de él por no haber consumado el matrimonio”. (3) 

Hombre amarrado a un árbol
 https://img.lagaceta.com.ar/fotos/notas/2017/05/28/731473_201705272226060000
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Comido por gusanos y hormigas

Como describe José María Cordovez Muore, Roncoy falleció, “allí sobre un lecho de estiércol y comido de gusanos, murió el ultimo verdugo de Santafé”.(4)

Mientras Aureliano, hijo de Aurelio Babilonia y Amaranta Úrsula Buendía, era consumido por las hormigas, así narro García Márquez; Aureliano Babilonia, “vio el niño. Era un pellejo hinchado y reseco, que todas las hormigas del mundo iban arrastrando trabajosamente hacia sus madrigueras por el sendero de piedras del jardín. Aureliano no pudo moverse. No porque lo hubiera paralizado el estupor, sino porque en aquel instante prodigioso se le revelaron las claves definitivas de Melquiades, y vio el epígrafe de los pergaminos perfectamente ordenados en el tiempo y en el espacio de los hombres: El primero de la estirpe está amarrado en un árbol y al último se lo están comiendo las hormigas.” (5)

En Honda, donde aconteció uno de los hechos, es desconocidos por las actuales generaciones, mientras lo acontecido en Macondo lo han leído muchos. Estos hechos idénticos, parecidos a estos, o peores, esta llena nuestra historia y la novela colombiana. Lo que sí, al hacer esta comparación, es que “A Roncoy lo amarraron a un árbol y se lo comieron los gusanos, antes, que, a José Arcadio y a Aureliano, en Cien años de soledad”

Notas

(1)  Capitulo IV Cien años de soledad. Gabriel García Márquez. Pag 86
(2) . Roncoy el ultimo verdugo de Santafé. José María Cordovez Muore. Pag 879
(3) https://ciendesoledadpersonajes.blogspot.com/2019/03/jose-arcadio-buendia_30.html
(4) Roncoy el ultimo verdugo de Santafé. José María Cordovez Muore. Pag 879
(5) Último capítulo. Cien años de soledad Gabriel García Márquez. Pag 196, 197

Bibliografía

CORDOVEZ Muore J.M (1997) Reminiscencias de Santafé y Bogotá.  Selene impresores. Bogotá

CIEN AÑOS DE SOLEDAD (2019) Personajes José Arcadio Buendía. Blog 
Recuperado de https://ciendesoledadpersonajes.blogspot.com/2019/03/jose-arcadio-buendia_30.html

GARCIA Márquez G (2017) Cien años de soledad. Randon Huose Grupo Editorial. Barcelona. España

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Tomado de, La realidad supera la ficción: un símil entre cien años de soledad y la cruda verdad de Colombia | El Nuevo Día (elnuevodia.com.co) 

martes, 14 de diciembre de 2021

Mitos y leyendas de Honda, los leen en Colombia y el mundo


Con gran satisfacción nos hemos enterado que Radio Nacional de Colombia y Vía Incógnita  Radio de España, han dado información acerca de los Mitos y Leyendas de Honda, en donde el investigador Tiberio Murcia Godoy ha sido tenido en cuenta para dar la información pertinente sobre el tema, e interesante que Radio Nacional de Colombia lo ha contactado en varios programas para dar a conocerlos. 
Esta vez paso las fronteras al ser invitado por Luis Merino en la emisora Vía Incógnita Radio de España.
Esta ha sido una excelente oportunidad  para visibilizar  a Honda en un tema emocionante. 







sábado, 13 de noviembre de 2021

René el barítono (cuento) Por Tiberio Murcia Godoy*


 

Parado sobre Le pont de Bir-Hakeim, Rene observa pasar las aguas del río Sena cerca de la torre Eiffel en Paris, recordando que de niño hacia lo mismo en el puente Navarro en su tierra natal, viendo pasar las aguas turbias del río Magdalena. 

Sus primeros pasos los dio en el puerto de Arrancaplumas, donde la algarabía y el grito constante de los braceros, que cargaba o descargaban los barcos a vapor que bajaban o subían de Girardot o Ambalema hacia Honda y viceversa. 

Con el permiso de sus padres, frecuentaba el puerto, en donde funcionaban las bodegas Municipal, Nardo y Lindemeyer, allí los braceros constantemente traían o llevaban la carga del barco que arribaba, o el barco que zarpaba. Y cerca había dos tiendas, una del viejo Franklin donde arrimaban los viajeros o comerciantes, y la de Cardozo que atendía a los diversos braceros que laboraban en el puerto. 

En la tienda de Franklin se escuchaba música clásica, donde Beethoven, Chopan entre otros artistas europeos relucían. Donde Cardozo se escuchaba Alci Acosta, la sonora matancera, la cual era acompañada de un refresco bien frio. 

René prestaba atención, donde Franklin, todo pausado, los asistentes no escuchaban la música, la meditaban, y sobresalía un trago de licor de color amarillo y un buen habano. Donde Cardozo bullicio, carcajadas, insultos iban, insultos venia, entre cerveza ancla y bocanadas de humo del tabaco ambalemuno. 

Así de tarde en tarde, porque en la mañana estudiaba en la escuela Arrancaplumas del barrio Pueblo Nuevo, Rene prestaba atención del ajetreo diario. A veces se le olvidaba acompañar a sus pequeños vecinos y compañeros de aula, cercanos a Playa de Brujas, Pueblo Nuevo y Arrancaplumas, a jugar pelota, vuelta a Colombia, ponchado, tres pies, cucli o rueda. 

Por cosas del destino sus padres se trasladaron de barrio, dejaron el bullicioso puerto de Arrancaplumas, para trasladarse a la calle de El Remolino, o como decía su vecina Doña Gloria a la calle de Tenerife, vía con mucho movimiento entre los puertos de Caracolí y Arrancaplumas, donde constantemente se veía pasar las bestias, mulas y los pequeños camiones con la carga que a veces iban para el norte o a veces iba para el sur. 

El nuevo vecindario era acogedor, cerca estaba la escuela de las señoritas Ternera, y un poco más abajo el colegio del señor Chacón. En medio de la escuela y el colegio estaba el pasaje Gutiérrez, un pequeño conjunto residencial cerrado, donde vivía el señor Francisco Echeverri, quien era el gerente de la compañía fluvial colombiana, y que años más tarde un compositor lo inmortalizo con el   tema Pachito Eche. 

René, recorría el nuevo sector, el cual tenía cerca una cárcel llamada la ciega, esta era lúgubre y espantosa, donde los presos para ver el sol, tenían que encaramarse sobre los hombros, uno del otro para disfrutarlo un poco. Los presos tenían miedo que llegara la noche, porque salía el fantasma del guardián que murió cortado cuando se afeitaba. Narran que cuando pasaba un vehículo frente a la cárcel, una de sus ruedas se soltó, y tal era la velocidad que cogió la llanta, que esta subió hasta el segundo piso donde él guardián se afeitaba, golpeándole en la mano que tenía la barbera, cortándole la garganta, lo cual le causó la muerte.  

Frente a la cárcel estaba el parque donde sobresalía un gran obelisco y el cual daba nombre a la plaza de la Independencia, evocando a todos aquellos héroes de Honda y la región que participaron activamente en estas luchas independistas como Alejo Sabarain, José León Armero y otros héroes que quedaron en el anonimato porque cayeron lejos de su terruño. Había unas bancas donde René se sentaba, dando la espalda al norte, poniéndose de frente a la bella ermita de Nuestra Señora de El Carmen, la cual estaban demoliendo de tramo en tramo, para construir una nueva que pintaba estilo semigotico. 

Allí, en la ermita del Carmen, templo donde funciono desde 1565 la Capilla de los Franciscanos, y un 24 de agosto de 1620, los jesuitas instalaban la iglesia parroquial de San Bartolomé de Honda hasta cuando fueron expulsados no solo de la ciudad, sino de toda la Nueva Granada. René escuchaba impávido un coro casi celestial, que acompañaba la misa de domingo, y en la cual participaba un buen grupo de fieles a la Virgen. 

Y empezó René a frecuentar el templo, y asistir sagradamente a misa, solo por el placer de escuchar la voz de los jóvenes que exaltaban el ángelus y otros temas con gran devoción. Esto le motivaba y quería estar en el coro del templo, por lo cual inicio a practicar en el solar de su casa, recibiendo sus padres las continuas quejas de los vecinos, solicitándoles que no le pegaran al niño, cuando lo que él hacía era practicar a todo pulmón, porque eso sí, se propuso a estar en los coros de la Iglesia. 

Luego de practicar y practicar, solicito al padre Jaramillo, que lo incluyera, lo hizo con tanto garbo, entusiasmo, gusto y entonación, qué el padre quedo perplejo, y no lo dejo en los coros, sino entonando en unisonó bellos cantos celestiales. Cantaba como un gran barítono Algunos llegaron afirmar que muchos no iban a la santa misa, sino solo a escuchar a René cantar. 

Rene Gamboa Barbosa, felicitaciones en sus 83 años.-

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*Miembro del Centro de Historia de Honda

Docente Investigador Institución Educativa Departamental Puerto Bogotá

Playa de Brujas (hoy Pueblo Nuevo), 1 de septiembre de 2020

miércoles, 11 de agosto de 2021

Honda Puentes hacia el futuro, nuevo libro sobre la ciudad


 César Caballero

@C_CaballeroR
Esta es la portada del libro que presentaremos en la
@lamagdalenafest
este 15 de agosto y que contiene nuestro estudio sobre el presente y el futuro de las actividades culturales, sociales y económicas de Honda.
@cifrasyconcepto
@MHEO_

lunes, 24 de mayo de 2021

El niño que amaba los animales Por Tiberio Murcia Godoy

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Hace unos años El joven Lucio Rodríguez Londoño, trajo desde Estados Unidos, las cenizas de su padre, también llamado Lucio Rodríguez Galindo, quien era hijo de Lucio Rodríguez San Miguel el cobrador del puente Navarro al lado de Puerto Bogotá.

Pues bien, Lucio, el hijo del cobrador por vivir cerca al rio, y observar diariamente la diversidad de animales, como aves, perros, gatos, palomas, patos, mariposas, se fue encariñando de ellas.

Por razones de la violencia política, que afecta a todos, Lucio el hijo del cobrador tuvo que salir de la ciudad, y también del país, estudio lo que más le encantaba Ingeniería agrónoma, y luego Ciencias avícolas, convirtiéndose en el primer especialista en aves que tuvo el país, y aquí, junto a otros amigos creo el programa de Zootecnia en Colombia, siendo el primer programa.

Por todo su trabajo fue condecorado, lo cual le hizo muy feliz. Luego se caso, y su hijo de matrimonio lo bautizo Lucio. Así como su padre, y asi como su abuelo. Luego de trabajar por muchos años regreso a Estados Unidos, siempre añorando su terruño, y allá les dijo a su esposa e hijo, cuando muera, quiero que mis cenizas sean arrojadas desde el puente donde laboro mi padre.


Y sucedió, que cuando falleció Lucio Rodríguez Galindo, su hijo Lucio Rodríguez Londoño , su esposa y familiares, llegaron al puente Navarro a cumplir la promesa de Lucio, y fueron lanzando poco a poco las cenizas, y cuando iban llegando al rio, los peces revoloteaban dándole la bienvenida al hombre que a amaba a los animales.
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Publicado por primera vez el 19 de mayo de 2019

 PUERTO BOGOTÁ HOY: Nuevas leyendas de Puerto Bogotá por Tiberio Murcia Godoy (puertobogotahoy.blogspot.com)